Con ocho años, Chenoa llegó con su familia a España huyendo de la inestabilidad política argentina. Su acento y los pocos medios económicos de sus padres fueron motivo de bullying en su infancia. “Empecé a formar una personalidad muy de superviviente. Y hoy la sigo utilizando”. Esas experiencias le dejaron aprendizajes, como “detectar enseguida cuando se están metiendo con alguien” y acudir en su ayuda, o un síndrome del impostor que le sigue generando problemas de autoestima. Aún hoy se emociona recordando las palabras de su padre: “estoy orgulloso de ti”. Su consejo para quien sufra bullying: cuéntaselo a alguien en quien confíes, como hizo ella con su hermano. Porque “la red flag más importante es el silencio”.
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¡No al bullying!
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